Guanajuato

Corazón del Bajío mexicano

Desplazarse hacia abajo

El nombre del estado

Los nombres de los lugares también guardan memoria. En ellos permanecen antiguas lenguas, maneras de contemplar el paisaje y relatos transmitidos de una generación a otra. Quienes conocimos la historia y la geografía del estado en las páginas de aquel libro ilustrado con Nocturno en el atrio, de José Chávez Morado, aprendimos —como cuchillito de palo— que «Guanajuato» proviene del purépecha Cuanaxhuato, expresión que suele traducirse como «lugar montañoso de ranas».

Quizá el nombre surgió porque, en otros tiempos, las ranas habitaban los alrededores del río Guanajuato. Sin embargo, una antigua leyenda indígena conserva una explicación más entrañable: cuenta que en aquel paraje vivieron unas ranas gigantes que, un día remoto, se convirtieron en piedra y permanecieron en lo alto de un cerro cercano al río. Desde entonces, quietas y silenciosas, parecen custodiar el paisaje y la memoria del lugar al que dieron nombre.

Pero ¿y su relación con el Bajío?

GUANAJUATO Y EL BAJÍO

El Bajío es un territorio histórico y geográfico, articulado por los valles y las llanuras de la cuenca del río Lerma, que se extiende desde Acámbaro y Querétaro hasta zonas de Michoacán y Querétaro. Sus tierras fértiles, su red hidrológica y su ubicación entre el centro y norte de México favorecieron, desde tiempos antiguos, el asentamiento humano, la agricultura, el intercambio y la comunicación entre distintas culturas. Más que un espacio uniforme, el Bajío fue una frontera permeable y cambiable, habitada y recorrida por pueblos chichimecas, otomíes y purépechas, cuyas relaciones antecedieron a la llegada de los españoles.

Dentro de esta extensa región, Guanajuato adquirió una importancia singular. Aunque la ciudad homónima se distingue del paisaje llano del Bajío, el desarrollo de su territorio estuvo estrechamente relacionado con los valles que la rodeaban. El descubrimiento y la explotación de sus yacimientos de plata —a partir del siglo XVI— impulsaron la fundición y el crecimiento de poblaciones, haciendas, caminos y centros de producción. Mientras que las minas guanajuatenses generaban riqueza; las ciudades y los campos del Bajío proporcionaban alimento, ganado, textiles, pieles, herramientas y mano de obra. De esta manera, minería, agricultura, ganadería, manufactura y comercio conformaron un sistema regional interdependiente.

Durante el siglo XVIII, esta integración convirtió al Bajío en uno de los principales motores económicos de la Nueva España. Sus campos le valieron el reconocimiento de «granero de la Nueva España», mientras que la ciudad de Guanajuato llegó a ser uno de los mayores centros productores de plata del mundo. Alrededor de esta prosperidad surgió una densa red de ciudades y villas (p. ej. Celaya, León, Irapuato, Salamanca, Salvatierra, San Miguel el Grande y la propia Guanajuato) conectadas por caminos que facilitaban la circulación de mercancías, personas e ideologías. Empero, aquella riqueza convivía con profundas desigualdades sociales y con una distribución inequitativa de sus beneficios.

El Bajío fue, por tanto, mucho más que un paisaje fértil o una demarcación económica: fue un territorio construido por las relaciones entre su geografía y sus habitantes. En él confluyeron culturas, actividades productivas, conocimientos y nuevas formas de pensamiento que transformaron el entorno y la vida de sus poblaciones. No resulta casual que, en 1810, Guanajuato y otras ciudades de la región se convirtieran en escenarios centrales del movimiento de Independencia. Comprender la relación entre Guanajuato y el Bajío permite reconocer que la historia del estado no se explica únicamente por los límites territoriales, sin por las conexiones que, durante siglos, lo vincularon con una región más amplia y decisiva para la formación de México.

Un territorio que cambia

Del mundo antiguo al presente

500 A. C. — 200 d. c.

La tradición Chupícuaro

En las cercanías del actual Acámbaro se desarrollaron comunidades sedentarias cuya vida dependía principalmente de la agricultura. La tradición Chupícuaro se distinguió por la elaboración de cerámica policroma, figurillas y objetos que muestran un notable conocimiento técnico y una identidad cultural propia. Sus vínculos con otros pueblos permiten reconocer que el territorio guanajuatense ya formaba parte de redes de intercambio que comunicaban distintas regiones de Mesoamérica. Esta etapa representa uno de los antecedentes culturales más antiguos del Bajío.

Siglos IV — x

Poblaciones entre valles

Durante este periodo, los valles del Bajío albergaron numerosos asentamientos agrícolas organizados alrededor de ríos, tierras fértiles y rutas de comunicación. Algunas poblaciones construyeron basamentos ceremoniales, patios hundidos y obras hidráulicas destinadas a sostener una agricultura más intensiva. La cerámica y los vestigios arquitectónicos revelan contactos con diferentes regiones mesoamericanas, incluida Teotihuacan. En lugares como San Miguel de Allende todavía se conservan evidencias de esta ocupación, especialmente cerca del río Laja y de la Cañada de la Virgen.

Siglos XII — XV

Una frontera en movimiento

Después del abandono de numerosos asentamientos agrícolas, el Bajío volvió a convertirse en un territorio de movilidad y encuentro. Pames, guamares, guachichiles, otomíes y purépechas habitaron o recorrieron distintas partes de la región. Lejos de constituir una frontera fija, este espacio funcionó como una zona permeable en la que coexistieron la agricultura, la caza, la recolección, el intercambio y el conflicto. Hacia los siglos XIV y XV, los purépechas establecieron asentamientos en algunas áreas del sur, mientras otros pueblos conservaron formas de vida seminómadas.

1530 — 1589

Conquista y colonización

La llegada de los españoles y de sus aliados indígenas transformó profundamente la organización del territorio. Ganaderos, religiosos, militares y colonos comenzaron a establecer estancias, misiones, pueblos y caminos sobre un espacio habitado por diferentes pueblos originarios. La expansión encontró una prolongada resistencia, especialmente entre los grupos identificados como chichimecas, y derivó en una guerra que se extendió durante buena parte del siglo XVI. El periodo se caracterizó por el conflicto, la negociación y el encuentro entre españoles, otomíes, purépechas, africanos y pueblos del norte.

1546 — 1600

Plata, caminos y ciudades

El descubrimiento de minerales en Zacatecas y Guanajuato impulsó el crecimiento de nuevos asentamientos y rutas comerciales. Las minas necesitaban alimentos, animales, madera, herramientas, trabajadores y medios de transporte; los campos y poblaciones del Bajío comenzaron a proporcionar estos recursos. En este contexto crecieron o se fundaron San Miguel el Grande, Celaya, León y otras villas destinadas a proteger caminos y organizar la producción. La minería guanajuatense y la agricultura del Bajío quedaron vinculadas desde entonces mediante una extensa red económica y territorial.

Siglo XVIII

El granero novohispano

El siglo XVIII fue una etapa de prosperidad, crecimiento demográfico y urbanización. La producción de trigo, maíz y frijol permitió que el Bajío fuera reconocido como el “granero de la Nueva España”, mientras las minas de Guanajuato alcanzaban una extraordinaria producción de plata. Al mismo tiempo, crecieron la ganadería, los obrajes textiles, la talabartería, la arriería y el comercio. Ciudades como Guanajuato, Celaya, León, Salamanca y San Miguel se integraron mediante caminos por los que circulaban mercancías, personas e ideas. Esta prosperidad, sin embargo, convivió con profundas desigualdades sociales.

1810 — 1821

La Independencia comienza aquí

La riqueza económica, la comunicación entre ciudades, la circulación de las ideas ilustradas y las tensiones sociales hicieron del Bajío un escenario decisivo para el inicio de la Independencia. Desde Dolores, el levantamiento avanzó por Atotonilco, San Miguel el Grande, Celaya y Guanajuato, utilizando los mismos caminos que anteriormente habían sostenido el comercio regional. Poblaciones, campos, minas y haciendas se convirtieron en espacios de movilización y enfrentamiento. La guerra alteró profundamente el paisaje: disminuyó la producción, interrumpió el comercio, despobló ciudades y dejó abandonados cultivos, caminos y explotaciones mineras.

gUANAJUATO ACTUAL

Un territorio de contrastes

El Guanajuato contemporáneo conserva la diversidad geográfica que ha caracterizado su historia. Las llanuras agrícolas y ciudades industriales del Bajío conviven con zonas montañosas, bosques, regiones semidesérticas y profundas cañadas. La Sierra Gorda comprende municipios como Victoria, Atarjea, Xichú, Tierra Blanca y Santa Catarina, además de partes de Doctor Mora, San Luis de la Paz y San José Iturbide. En ella, los recursos naturales, los ríos y las diferencias de altitud permiten actividades agrícolas y ganaderas distintas de las desarrolladas en los valles centrales. Guanajuato no es solamente Bajío: es un territorio en el que confluyen varias regiones y formas de vida.

Cinco formas de habitar el estado

Las regiones naturales de Guanajuato 

Región 1

Región de la Sierra Gorda

Municipios que la integran: Victoria, Atarjea, Xichú, Tierra Blanca y Santa Catarina, además de partes de Doctor Mora, San Luis de la Paz y San José Iturbide.

La Sierra Gorda ocupa el noreste de Guanajuato y forma parte de una extensa cadena montañosa que continúa hacia Querétaro. Se distingue por su relieve accidentado, compuesto por sierras, cerros elevados, cañadas profundas y comunidades establecidas entre montañas. Algunos terrenos son secos, pedregosos y con poca vegetación; otros, especialmente los situados cerca de ríos y arroyos, favorecen el crecimiento de árboles frutales y cultivos.

La agricultura depende en gran medida de las lluvias y del agua de ríos como el Santa María, el Bagres, el Manzanares y el Mezquital. Se cultivan principalmente maíz, frijol, trigo, chile, cebolla, jitomate, alfalfa y diversas hortalizas. También se practica la ganadería bovina, ovina, caprina y avícola. En San Luis de la Paz y San José Iturbide se desarrollan actividades industriales y artesanales.

Una de sus expresiones culturales más representativas es el huapango arribeño, acompañado por violín, jarana o guitarra huapanguera. Las comunidades celebran fiestas y encuentros conocidos como topadas, en los que los músicos improvisan versos.

Región 2

Región de los Llanos Arribeños

Municipios que la integran: San Diego de la Unión, Ocampo y San Felipe, además de partes de Dolores Hidalgo, San Miguel Allende y San José Iturbide. 

Los Llanos Arribeños ocupan el norte del estado. Su nombre se relaciona con las planicies elevadas que caracterizan el paisaje, aunque también existen cerros y pequeñas zonas montañosas. Es una región predominantemente árida y seca, con lluvias escasas y temperaturas que pueden ser muy altas durante el día y frías por la noche.

La vegetación está formada principalmente por mezquites, órganos, garambullos, nopales y huizaches. Debido a la escasez de agua y a la presencia de suelos calizos y pedregosos, la agricultura depende de las lluvias temporales y de la perforación de pozos. Entre sus cultivos se encuentran el maíz, el frijol, el trigo, el sorgo, el chile y el jitomate.

La ganadería bovina, caprina y ovina ocupa un lugar importante. También se elaboran productos artesanales de barro, latón, lana, algodón y acrilán. Buena parte de la población se distribuye en pequeñas comunidades rurales separadas por grandes distancias.

Región 3

Región de la Sierra Central

Municipios que la integran: Comonfort y partes de León, Guanajuato, Dolores Hidalgo, San Miguel de Allende, Santa Cruz de Juventino Rosas, Silao, Salamanca. San Felipe, Apaseo el Grande y Celaya.

La Sierra Central atraviesa Guanajuato de noroeste a sureste y funciona como una franja montañosa que separa parcialmente los Llanos Arribeños de las llanuras del Bajío. Está formada por numerosas sierras y elevaciones, entre ellas la sierra de Codornices, Santa Rosa, Santa Gregoria, Lobos y la Media Luna.

Su relieve es irregular, con montañas, barrancas y pequeños valles. El clima es principalmente templado, aunque se vuelve más frío en las partes altas. En sus bosques crecen encinos, pinos, abetos y tejocotes. Los arroyos que nacen en esta zona alimentan ríos importantes como el Guanajuato, el Dolores y el Laja.

En los pequeños valles se cultivan maíz, frijol, cebolla, jitomate, coliflor y otras hortalizas; también se producen manzanas, duraznos, tejocotes, carbón y madera. La región sobresale particularmente por la minería: en sus montañas se encuentran los yacimientos de oro y plata que favorecieron el crecimiento histórico de la ciudad de Guanajuato.

Región 4

Región del Bajío

Municipios que la integran: Irapuato, Cortazar, Abasolo, Manuel Doblado, Cuerámaro, Huanímaro, Pénjamo, Pueblo Nuevo, Purísima del Rincón, Romita, San Francisco del Rincón y Villagrán, además de partes de Celaya, Apaseo el Grande, León, Salamanca, Silao y Santa Cruz de Juventino Rosas.

El Bajío se localiza principalmente al sur de la Sierra Central. Es una extensa planicie situada a menor altura que las sierras y los territorios que la rodean; de esta condición procede su nombre. Aunque predominan las superficies planas, también aparecen lomas, cerros aislados y elevaciones como el Culiacán, el Cubilete y la sierra de Pénjamo.

La tierra es generalmente oscura y fértil. Las lluvias de verano, los ríos y la infraestructura de riego favorecen una agricultura intensiva y mecanizada. Se producen maíz, frijol, trigo, sorgo, cebada, garbanzo, fresa, espárrago, zanahoria, brócoli, chile y otras hortalizas. También destacan la ganadería bovina y porcina, así como la avicultura.

Es una de las regiones más pobladas, urbanizadas e industrializadas del estado. León, Irapuato, Salamanca y Celaya concentran población, servicios, comercio y fábricas relacionadas con el calzado, los textiles, la maquinaria, las herramientas, los productos químicos y los alimentos.

Región 5

Región de los Valles Abajeños

Municipios que la integran: Santiago Maravatío, Salvatierra, Acámbaro, Jerécuaro, Coroneo, Tarimoro, Moroleón, Yuriria, Uriangato, Apaseo el Alto, Jaral del Progreso, Tarandacuao y Valle de Santiago. 

Los Valles Abajeños se localizan en el sureste y sur del estado. Su paisaje combina valles extensos con pequeñas sierras, entre ellas las de los Agustinos y Pichardo. La región es atravesada por el río Lerma y se relaciona con importantes cuerpos de agua, como la presa Solís, una de las mayores de Guanajuato.

Los valles poseen tierras fértiles que reciben agua mediante una extensa red de canales. Las lluvias son más abundantes que en el norte del estado, lo que permite cultivar maíz, sorgo, trigo, garbanzo, cebada, alfalfa y hortalizas. También se producen frutas como guayaba, naranja, papaya y plátano. En municipios como Coroneo y Jerécuaro tienen relevancia la ganadería bovina, ovina y caprina.

La industria textil constituye otra de sus actividades características. En Valle de Santiago, Yuriria, Salvatierra, Moroleón y Uriangato se elaboran prendas y tejidos de acrilán, algodón y mezclilla. Sus fiestas se distinguen por las mojigangas, la música de viento, las corridas de toros y las celebraciones patronales.

46 municipios, 46 HISTORIAS

división territorial

BAJÍO

Abasolo

01 →

sur

Acámbaro

02 →

bajío

Apaseo el Alto

03 →

BAJÍO

Apaseo el Grande

04 →

norte

Atarjea

05 →

bajío

Celaya

06 →

BAJÍO

Comonfort

07 →

sur

Coroneo

08 →

bajío

Cortazar

09 →

BAJÍO

Cuerámaro

10 →

norte

Doctor Mora

11 →

norte

Dolores Hidalgo

12 →

centro

Guanajuato

13 →

bajío

Huanímaro

14 →

bajío

Irapuato

15 →

sur

Jaral del Progreso

16 →

sur

Jerécuaro

17 →

bajío

León

18 →

bajío

Manuel Doblado

19 →

sur

Moroleón

20 →

norte

Ocampo

21 →

bajío

Pénjamo

22 →

bajío

Pueblo Nuevo

23 →

bajío

Purísima del Rincón

24 →

bajío

Romita

25 →

bajío

Salamanca

26 →

sur

Salvatierra

27 →

norte

San Diego de la Unión

28 →

norte

San Felipe

29 →

bajío

San Francisco del Rincón

30 →

norte

San José Iturbide

31 →

norte

San Luis de la Paz

32 →

norte

San Miguel de Allende

33 →

norte

Santa Catarina

34 →

bajío

Santa Cruz de Juventino Rosas

35 →

sur

Santiago Maravatío

36 →

bajío

Silao de la Victoria

37 →

sur

Tarandacuao

38 →

sur

Tarimoro

39 →

norte

Tierra Blanca

40 →

sur

Uriangato

41 →

sur

Valle de Santiago

42 →

norte

Victoria

43 →

bajío

Villagrán

44 →

norte

Xichú

45 →

sur

Yuriria

46 →

El favorito de Arthe

El favorito de las personas

Guanajuato, palabra por palabra

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referencias

para seguir aprendiendo

Ramírez Gasca, Gustavo. (2002). Guanajuato: historia y geografía, tercer grado (Krayer & Asociados, Ed.; Tercera). Secretaría de Educación Pública.

Suárez-Mota, M. E., Villaseñor, J. L., & López-Mata, L. (2015). La región del Bajío, México y la conservación de su diversidad florística. Revista Mexicana de Biodiversidad, 86(3), 799–808. https://doi.org/10.1016/j.rmb.2015.06.001

Urzúa, C. M. (2021). Los estados pujantes del Bajío. El Universal.

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Bajío, centro y norte de México.

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