Él Vive
Reflexiones pastorales y comentarios sobre la vida pública desde una mirada de fe, conciencia social y diálogo respetuoso.
Pbro. Rubén Porras Penilla
Ex colaborador de La Salle Bajío.
Nota aclaratoria: Se llama «Magisterio de la Iglesia» a la autoridad oficial que tienen el Papa (magisterio pontificio) y los obispos en comunión con él para interpretar, custodiar y transmitir la Palabra de Dios, basándose en la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición. Su propósito es guiar a los fieles en asuntos de fe y moral.
Una vez aclarado lo anterior continuamos diciendo que la Iglesia, desde siempre, ha comprendido la educación como una dimensión esencial de su misión evangelizadora. Aclarando también que no se trata simplemente de transmitir conocimientos religiosos, sino de acompañar el crecimiento integral de la persona, ayudándola a descubrir el sentido de su vida, su dignidad y su responsabilidad en la construcción del bien común. Dando lugar a que se reconozca la educación, entendida como un estilo de vida, como el verdadero ministerio pastoral de la Iglesia.
Se reconoce también que la propuesta de la Iglesia no propone un modelo cerrado ni mucho menos uniforme, sino una serie de principios, criterios y actitudes que orientan al discernimiento y a la acción pastoral de todos los fieles.
Veamos, pues, las directrices que el Magisterio presenta en materia de educación a las comunidades cristianas.
1. La educación como derecho y bien común
Uno de los pilares fundamentales del Magisterio es la afirmación de la educación como un derecho inalienable de toda persona. El Concilio Vaticano II (Los Obispos reunidos en Asamblea 1965), en la declaración Gravissimum Educationis, subraya que todo ser humano tiene derecho a una educación que responda a su vocación; es decir, al llamado que Dios le hace a cada uno, y favorezca su desarrollo integral. Esta afirmación conciliar no se limita al acceso a la instrucción, sino que incluye la formación humana, ética y espiritual. En la Familiaris Consortio y Amiris laetitia, el Papa Juan Pablo II y el Papa Francisco sucesivamente, nos dicen que la familia es una verdadera iglesia doméstica, donde se aprende a vivir la fe de una manera cotidiana. Y con ello nos recuerdan que ni la escuela ni las demás instancias educativas puedan sustituir a la familia, sino que más bien la acompañan y la complementan.
2. La escuela católica como comunidad educativa
La escuela católica ocupa un lugar significativo en la reflexión magisterial. Y por escuela católica no nos referimos únicamente a la institución que enseña religión, sino a la comunidad educativa que tiene una enseñanza inspirada en el Evangelio. Hay que decir que en la actualidad algunas instituciones se llaman a sí mismas de inspiración católica, como, por ejemplo, la UNIVERSIDAD DE LA SALLE, la UNIVA, la UDL… quizá por su fundador o por el ambiente en el que nacieron, aunque ya no tengan mucho de cristiano, no por mala fe, sino por falta de una formación auténticamente cristiana de su personal. Ya que no se trata de enseñar cosas de la religión, como sucede en las así llamadas humanidades o pastoral universitaria que dicen tener, sino que falta propiciar que los estudiantes vivan congruentemente su existencia, entre lo creen y lo que hacen.
De esta manera queremos afirmar que ni las universidades que se dicen de inspiración católica ni el resto pueden sustituir la misión de la familia en la sociedad. Lo esencial de la Escuela católica va más allá de la excelencia académica o fracaso en otros ámbitos. La misión de la escuela católica apunta a la formación de personas comprometidas con la transformación de la sociedad.
3. El educador cristiano: vocación y misión
El Magisterio reconoce en el educador cristiano una vocación específica dentro de la Iglesia. Más allá de su competencia profesional, el educador está llamado a ser testigo, acompañante y mediador de sentido. Su tarea no se limita a enseñar contenidos, sino a formar personas.
4. La universidad católica y el diálogo entre fe y razón
La reflexión del Magisterio sobre la educación alcanza una formulación específicamente densa cuando se refiere a la universidad. En la constitución apostólica Ex Corde Ecclesiae, el Papa Juan Pablo II presenta a la universidad católica como una comunidad académica que nace del corazón de la Iglesia y se pone al servicio de la verdad mediante la investigación, la enseñanza y la formación integral de la persona.
La universidad no es sólo un espacio de transmisión de saberes especializados, sino un lugar privilegiado para la búsqueda de sentido. En ella se favorece el diálogo entre disciplinas y la confrontación honesta entre fe y razón, dos ámbitos que no se oponen, sino que se enriquecen mutuamente. Frente a la fragmentación del conocimiento y al pragmatismo dominante, la universidad católica está llamada a ofrecer una visión integradora de la realidad.
Desde una clave pastoral, implica comprender la universidad como un auténtico espacio de evangelización de la cultura. ¿Qué es lo que origina la fragmentación y el pragmatismo? Su origen está en dar preferencia en los programas de estudio a lo meramente técnico y dejar de lado, como de relleno, los temas de formación en la fe. Los estudiantes asisten a los temas que imparte humanidades solo por cumplir la asignatura y solo aprenden cosas de la religión, pero no son religiosos. Y cuando hablamos de formación en la fe no se trata de imponer respuestas cerradas, sino de acompañar procesos de búsqueda, suscitar preguntas existenciales profundas y formar una conciencia crítica que ayude a leer la realidad a la luz del Evangelio.
5. Educar la cultura: fe, ética y compromiso social
El Papa Pablo VI advertía en Evangelii Nuntiandi que la ruptura o fragmentación entre Evangelio y cultura constituye uno de los más grandes dramas de nuestro tiempo. Porque no se ha asumido que educar implica ayudar a las personas a interpretar críticamente los mensajes culturales que reciben. Por ejemplo, lo que se considera como modelos de éxito, la felicidad, las relaciones de poder, el consumo y el uso de la tecnología. Desde una perspectiva pastoral, la educación cristiana busca formar conciencias capaces de discernir, resistir la lógica del descarte y comprometerse activamente con la justicia y la solidaridad.
6. Evangelii Gaudium: educar como proceso
El Papa Francisco insistió mucho en que la educación cristiana debe seguir el método de «salida»; es decir, preocuparse más por iniciar procesos que por ocupar espacios. Piensen ustedes en alumnos preocupados por ocupar un lugar en la sociedad a como dé lugar, lo logra más o menos, y ya se da por terminada su meta en este mundo. Quienes así actúan son pobres de espíritu y de mente cerrada. Porque educar no es solamente para obtener resultados inmediatos –así como los que en el templo se confiesan para comulgar–. La educación cristiana y toda educación como tal se debe presentar como un camino y no como una meta de llegada. Debe respetar los ritmos de las personas, valorar los pequeños avances y saber esperar con paciencia. Esta visión interpela y cuestiona a los procesos educativos actuales que solo forman alumnos para ser obreros resentidos.
7. El «Pacto educativo Global»: una llamada a la corresponsabilidad
El Pacto educativo Global es la propuesta del Papa Francisco para renovar el compromiso educativo a nivel mundial. Más que un documento programático, se trata de una convocatoria ética, cultural y pastoral que lleve a colocar nuevamente a la persona en el centro educativo. Este Pacto propone educar para la fraternidad, la inclusión, la justicia social y el cuidado de la casa común. Invita a reconstruir el tejido de relaciones entre familia, escuela, Estado, comunidades religiosas y sociedad civil, superando la fragmentación y la competencia.
Desde una perspectiva pastoral el Pacto Educativo Global ofrece un horizonte inspirador para repensar los proyectos educativos locales. Y no se trata de aplicar consignas de manera mecánica, sino de discernir cómo estas orientaciones pueden encarnarse en contextos concretos, especialmente en realidades marcadas por la pobreza, la violencia o la exclusión.
8. Desafíos pastorales de la educación hoy
Los desafíos que enfrenta la educación cristiana en nuestro tiempo son muchos y dolorosos. La crisis de autoridad, el relativismo ético, la desconfianza a las instituciones y el cansancio de educadores y familias configuran un escenario exigente. A ello se suman problemáticas como el uso acrítico de la tecnología, la dificultad para generar vínculos duraderos y la creciente soledad de niños y jóvenes. Ante estas realidades la Iglesia no ofrece recetas simples, sino criterios para un discernimiento pastoral atento, realista y esperanzador. Educar hoy exige paciencia, creatividad y una profunda confianza en la acción del Espíritu Santo. Supone también reconocer límites, aceptar fragilidades y caminar juntos como comunidad educativa.
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