Sol y Sombra
Un espacio donde la claridad de las ideas y las preguntas humanas confluyen para reflexionar sobre educación, familia, trabajo y sociedad.
J. Arturo Hernández
Profesor de la Universidad La Salle Bajío, Campus Campestre.
En el campo, el día empieza antes de que uno tenga una opinión al respecto. El gallo no consulta la agenda, la luz no solicita contraseña y la tierra, que desconfía de los discursos motivacionales, exige que alguien la riegue. En la ciudad, la mañana llega por notificación. Antes de poner los pies en el suelo ya sabemos que hay mensajes pendientes y una aplicación convencida de que dormimos mal.
He pasado muchos años comparando esas dos velocidades. En el campo, trabajar deja huellas en las manos y suele terminar con una evidencia: la parcela quedó limpia, el animal fue atendido, la cerca se sostuvo. En la ciudad, se envía un archivo y aparecen tres versiones; se resuelve un asunto y la bandeja de entrada, criatura mitológica, engendra otros siete. Hasta el descanso urbano tiene instrucciones: reservar, confirmar, escanear un código.
También cambian las fiestas. En el pueblo, una campana puede convocar a la misa, al duelo o a la alegría, y todos reconocen por el sonido qué clase de día les espera. En la ciudad, las campanas compiten con las sirenas y los claxonazos. La soledad rural tiene horizonte; la urbana, elevador. Una permite ver lejos; la otra obliga a saludar a un desconocido durante ocho pisos.
Pero ninguna vida es superior. El campo conoce el aislamiento y la fatiga; la ciudad ofrece amistades inesperadas, hospitales, bibliotecas y cafés donde una conversación salva una tarde. Uno no elige entre el paraíso y el desastre, sino entre distintas formas de intemperie.
La pregunta aparece ahora, cuando pienso en los proyectos futuros del trabajo profesional y miro un mundo tecnológico que cambia con una velocidad casi ofensiva. Las máquinas prometen aprenderlo todo mientras uno empieza a olvidar dónde dejó los lentes. Cada programa nuevo se presenta como indispensable; cada cumpleaños trae una discreta invitación a distinguir lo indispensable de lo accesorio. La tecnología dice: «Siguiente». La edad pregunta: «¿Hacia dónde?».
Entonces surge la disyuntiva: seguir adelante o detenerse.
Mario Benedetti imaginó en La tregua a un hombre viudo, rutinario y próximo a jubilarse cuya vida gris todavía logra abrir un paréntesis luminoso. Parafraseada para este momento, su lección sería que la edad administrativa de una persona no coincide necesariamente con la edad de su esperanza: incluso cerca de una despedida laboral puede comenzar algo que devuelva relieve a los días.
Por eso, detenerse no siempre significa renunciar. En el campo se deja descansar una tierra para que vuelva a dar fruto; nadie acusa al barbecho de falta de carácter. También la vida necesita temporadas sin resultados visibles para recuperar profundidad. Hay pausas que son cobardía, pero otras son inteligencia. El problema consiste en reconocerlas.
Borges imaginó en El jardín de senderos que se bifurcan un tiempo hecho de caminos que se separan, se cruzan y abarcan posibilidades diversas. Esa visión recuerda que elegir un rumbo no borra los otros, pero sí nos obliga a vivir responsablemente el que hemos tomado. Permanecer inmóvil ante la bifurcación tampoco nos libra de elegir: convierte la indecisión en nuestro camino.
Tal vez no se trate de continuar haciendo exactamente lo mismo ni de clausurar de golpe lo construido. Existe una tercera opción: seguir de otro modo. Reducir la prisa sin reducir la entrega. Usar la tecnología sin permitir que decida el valor de una persona. Convertir la experiencia en acompañamiento, asesoría, enseñanza o servicio. Aprender herramientas nuevas, sí, pero transmitir también esas cosas antiguas que ninguna plataforma instala: criterio, paciencia, memoria y responsabilidad.
Aquí la familia deja de ser un público que aprueba o desaprueba y se vuelve compañía de camino. Erich Fromm sostuvo en El arte de amar que el amor maduro no es una emoción pasiva, sino un ejercicio activo que exige cuidar, responder, respetar y conocer al otro. Parafraseado para esta etapa, amar a quien discierne significa no empujarlo hacia nuestros planes ni encerrarlo en nuestros temores, sino ayudarlo a crecer conforme a su realidad.
Acompañar no es acelerar ni frenar al otro; es caminar cerca para que ninguna decisión tenga que tomarse desde la soledad. Los amigos cumplen una misión semejante: oyen nuestros argumentos repetidos y, aun así, detectan la pregunta que tratamos de esconder.
La fe católica introduce otra medida del tiempo. Karol Wojtyła, ya como Juan Pablo II, escribió que la ancianidad puede ser una ocasión propicia, una etapa con misión propia, capaz de ofrecer memoria, consejo, oración y servicio; no una espera inútil, sino un tramo creativo en el camino hacia la eternidad. También insistió en que la disminución de las fuerzas no elimina el valor de la persona ni su capacidad de servir.
Joseph Ratzinger, como Benedicto XVI, explicó que la esperanza cristiana permite afrontar un presente fatigoso cuando conduce hacia una meta digna del esfuerzo, y que esa esperanza debe convertirse en esperanza activa para los demás. Parafraseado en términos laborales, no basta preguntar cuánto tiempo más puedo trabajar; conviene preguntar a quién puede servir lo que todavía sé y de qué manera mi tarea puede acercar un poco el Reino que espero.
La esperanza del Reino no cancela los calendarios ni paga las cuentas, pero impide que el currículum sea el resumen definitivo de una existencia. La productividad es una medida útil e insuficiente. Una persona no vale menos porque reduzca su jornada, cambie de función o permita que otros ocupen el centro. El sol no deja de alumbrar cuando ya no está en lo alto; a veces su luz más memorable ocurre al descender.
José Luis Martín Descalzo escribió, en Razones para vivir, que para caminar no hace falta ver resuelto todo el futuro: basta la luz necesaria para el paso de hoy y la confianza para el de mañana. Su idea, parafraseada, advierte que dejar de avanzar por miedo a la oscuridad futura equivale a entregar anticipadamente una parte de la vida.
Ese paso puede ser pequeño: conversar con la familia sin fingir certezas, revisar con honestidad las fuerzas, elegir los servicios que aún tienen sentido, aprender una herramienta concreta, dejar espacio para la oración, recuperar una amistad, descansar sin culpa. Ninguno de esos actos resuelve diez años, pero coloca una piedra. Las catedrales, como los proyectos serios, se levantan sin que cada obrero vea terminada la torre.
Seguir adelante o detenerse parece una pregunta de carretera, pero en realidad es una pregunta del alma. A veces hay que detenerse para seguir; a veces hay que continuar para no esconderse. El discernimiento consiste en descubrir qué pausa devuelve la vida y qué movimiento sólo prolonga la costumbre.
Quizá la respuesta no sea apretar el acelerador ni apagar el motor. Quizá sea bajar la velocidad, abrir la ventana y reconocer quiénes viajan con nosotros. La familia acompaña, los amigos orientan, la experiencia sirve, la fe señala una meta que no depende de la edad y si de Dios —que conoce tanto los caminos rurales como las avenidas congestionadas— no suele entregar el mapa completo.
Da, más bien, luz suficiente para el siguiente paso.
Te invitamos a compartir tus opiniones y reflexiones con respeto, evitando ataques personales o lenguaje inapropiado.
Archivo editorial
07 DE AGOSTO DE 2026
Regreso a clases: instrucciones para sobrevivir a la gran ola mexica
Entre mochilas, lluvias, tráfico, impuestos y celebraciones, el regreso a clases se convierte en una mirada irónica a la vida universitaria y al México cotidiano. Una reflexión sobre aprender a navegar cada semestre entendiendo que, como el mar, la educación nunca repite la misma ola.
31 DE JULIO DE 2026
Los significados del amanecer
Una evocadora reflexión sobre el amanecer como símbolo de esperanza, memoria y fe, que entrelaza experiencias cotidianas, literatura y espiritualidad para recordar que cada nuevo día ofrece la oportunidad de reencontrarnos con lo verdaderamente esencial.
10 DE JULIO DE 2026
Nueva York, oficina de lo improbable
Entre reuniones de trabajo y recorridos por Manhattan, esta crónica descubre una Nueva York que trasciende sus postales: una ciudad donde negocios, amistad, cultura y tecnología convergen para demostrar que las conexiones más valiosas siguen siendo profundamente humanas.
26 DE JUNIO DE 2026
58 y más: inventario del vapor
Una reflexión íntima sobre el paso del tiempo que transforma un aniversario en un ejercicio de gratitud, memoria y esperanza, recordando que la verdadera plenitud no se mide por la edad, sino por la historia que aún sigue escribiéndose.
19 DE JUNIO DE 2026
Las finanzas del cansancio
Una reflexión cercana sobre el agotamiento contemporáneo que entrelaza docencia, consultoría e inteligencia artificial para recordar que, incluso en un mundo dominado por los datos, el criterio y el descanso siguen siendo profundamente humanos.
10 DE JUNIO DE 2026
¿Papá, los árboles mueren?
Una entrañable reflexión sobre la vida, la muerte y la trascendencia, que utiliza la imagen de los árboles para explorar el legado que dejamos y las huellas silenciosas que permanecen más allá de nuestra existencia.
03 DE JUNIO DE 2026
«Qué hacer cuando todo cambia», de Esteve Almirall
Una reflexión clara y accesible sobre el impacto de la inteligencia artificial generativa, que invita a comprender el cambio tecnológico como una oportunidad para adaptarse, innocar y mantenerse relevante en un mundo en constante transformación.
Da el primer paso hacia una empresa más ordenada
Completa el formulario y recibe una ruta inicial para revisar tu situación financiera, fiscal, administrativa o corporativa.
Respuesta inicial
Diagnóstico y canalización al servicio adecuado.
Ideal para
MiPyMEs, empresas familiares, profesionistas y emprendimientos formales.
Cobertura
Bajío, centro y norte de México.